El manejo de los márgenes de cultivo / Alicia Cirujeda

Fecha: 20-Jan-2020

Alicia Cirujeda
Unidad de Sanidad Vegetal
   Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA)
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)
acirujeda@aragon.es

En este artículo de opinión se pretenden dar algunas ideas a aquellas personas que desean aportar biodiversidad vegetal (y como consecuencia diversidad animal) en el entorno de sus fincas. Los ribazos, márgenes o lindes han estado siempre presentes en la agricultura, bien con fines de separación entre parcelas de diferentes dueños, bien como freno a la erosión en zonas en pendiente. Las concentraciones parcelarias, la mecanización y también el elevado precio del suelo en algunas zonas son hechos que, generalmente, no favorecen la presencia de márgenes.

Vamos a intentar contestar a dos preguntas: ¿Son los ribazos realmente un cobijo para las malas hierbas que luego pueden entrar en los campos de cultivo? Por otro lado, ¿cómo conseguir que los ribazos contengan biodiversidad sin perjudicar a los campos colindantes?

Como en tantas preguntas relacionadas con la agricultura, la respuesta es “depende”, en este caso, del tipo de ecosistema y del manejo del margen.

Un margen compuesto por plantas anuales y perennes, capaces de mantener flores atrayentes de insectos durante buena parte del año, debería de ser considerado un elemento positivo en el paisaje y deseable tanto para personas como para la naturaleza. Es cierto que puede tener aspectos negativos para el agricultor en algunas ocasiones como, por ejemplo, servir de refugio a roedores (conejos) que proliferen en exceso en algunas zonas, pero no hay que perder de vista que las causas de dichos desequilibrios son muy complejas y no son solo culpa de la existencia de ribazos.

Con este texto se espera aportar un poco de perspectiva en este tema desde nuestra experiencia en malherbología.

Para contestar a las dos preguntas creemos que se deben de considerar diferentes ecosistemas o escenarios:

  1. Zonas en las que se practica la agricultura intensiva desde hace décadas y donde prácticamente no existen franjas incultas entre campos. Los cultivos que encontramos en estas áreas son hortícolas o cultivos extensivos en regadío (maíz, alfalfa, trigo, etc.). Este sería el escenario más difícil en el que intentar defender que los márgenes de los campos son beneficiosos, porque generalmente ni siquiera existen. Debido al elevado precio de la tierra, los agricultores aprovechan hasta el último palmo del campo para sembrar los cultivos.

En el caso en el que se quisiera instalar una franja de plantas con flores, por ejemplo, para atraer insectos polinizadores o insectos depredadores de plagas, muy probablemente sería necesario sembrar las especies deseadas porque el banco de semillas del suelo estará formado por pocas especies que, además, estarán muy adaptadas a la competencia con los cultivos: gramíneas como Sorghum halepense (sarrachón o jaraz), dicotiledóneas como Abutilon theophrasti, Xanthium strumarium o X. spinosum (cachurros), diferentes especies de Amaranthus o de Chenopodium (bledos) o incluso plantas tóxicas como Datura stramonium (estramonio). Dichas especies, además de necesitar agua en verano, no son beneficiosas para atraer insectos polinizadores, por lo que habría que tratar de sustituirlas por otras.

Por lo tanto, en aquellas zonas, en las que no ha habido vegetación ajena a los campos durante décadas, un nuevo ribazo posiblemente se llene de especies muy competitivas y que aportan poca biodiversidad. En ese caso será necesario sembrar especies adecuadas a los objetivos perseguidos, como por ejemplo, Calendula, Phacelia, brassicáceas, etc.

En las zonas con mayor presencia de agua debido a niveles freáticos altos o proximidad a ríos, es frecuente ver poblaciones muy densas de carrizo (Phragmites australis), caña (Arundo donax) o de cola de caballo (Equisetum arvense) en los lindes entre unas parcelas y otras (desagües). Esas poblaciones suelen ser muy competitivas, invasivas y monoespecíficas, limitando la biodiversidad vegetal, ya que hay pocas especies que toleren la presencia de tanta agua, como también el falso té (Bidens aurea) o el rompepiedras (Lepidium latifolium). En esos casos, si se quiere establecer una zona vegetal espontánea diversa, será necesario desviar el agua de drenaje para posibilitar que crezcan otras especies menos higrófilas.

Otra situación diferente se plantea en zonas agrícolas de leñosos como frutales, olivos, viñas u otros cultivos perennes que también pueden ser muy productivas. Cuando estas plantaciones están instaladas en regadío, generalmente entre las líneas de árboles, las calles, se siembra o se deja crecer una cubierta vegetal espontánea que suele contener una elevada diversidad de especies. También aquí la casuística puede variar: si las cubiertas se manejan de forma que se puedan resembrar espontáneamente (por ejemplo, dejando florecer la parte central de la calle antes de segar), es de prever que los márgenes o ribazos de dichas fincas contendrán algunas de estas especies. No sucede así si esas cubiertas son segadas totalmente muchas veces cada año impidiendo que se resiembren. No obstante, cabe tener en cuenta si la finca se riega por inundación o por goteo: en el primero de los casos la flora será muy dependiente de la disponibilidad de agua y allá donde no llegue el agua, lógicamente crecerá otro tipo de flora. Habrá que observar si la que emerge es variada y aporta biodiversidad.

Pasemos al segundo gran escenario:

  1. Zonas en las que se practica la agricultura extensiva con menores insumos, sea de secano o de regadío de apoyo.

De nuevo consideramos dos situaciones diferentes en este contexto: las zonas llanas y las zonas con pendientes.

En las zonas llanas puede pasar algo similar a lo comentado en regadío: que no existan dichas franjas vegetales, márgenes o ribazos. No obstante, si ha habido rotaciones de cultivo y un manejo extensivo, muy probablemente aún dispondremos de cierta diversidad en el banco de semillas. Al establecer un nuevo margen, deberemos observar si la flora que nace de forma espontánea es más o menos diversa. Muy probablemente los primeros años germinarán muchas especies adaptadas al laboreo como las brassicáceas Diplotaxis erucoides, Eruca vesicaria, Rapistrum rugosum etc. y también especies de gramíneas como los bromos.

Pero en pocos años irán dejando paso a otras especies anuales, bienales y perennes que requieren de menos abonados y a las que favorece el no laboreo. Para que estas últimas vayan cogiendo cada vez más protagonismo, se trata de no labrar, no abonar y no eliminar la flora presente durante unos años (a no ser que haya alguna especie concreta domine completamente y temamos que sea un perjuicio para el campo). ¿Qué especies cabe esperar a lo largo de los años? En cada lugar serán distintas, y lógicamente, aquellas que crecen en los retazos de vegetación no agrícola del entorno. Pero pasarán muchos años hasta que vuelva a establecerse una comunidad vegetal como la que potencialmente puede haber, ya que se trata de franjas relativamente estrechas.

Y queda el último caso, el de zonas extensivas en pendientes. Allí seguramente todavía existirán ribazos, de tierra o de piedras. Si han sido eliminados a lo largo de los años, al reestablecerlos pasarán por el mismo proceso ya comentado. Pero con una ventaja: les llegará menos deriva de abonos o de herbicidas por estar en pendiente y muy probablemente el proceso de sustitución de la flora arvense por otra no tan ligada al medio agrícola será más rápido.

 

Conclusión: si estamos en un entorno, en el que aún se conserva diversidad vegetal no ligada a la agricultura y queremos establecer un nuevo margen o ribazo, se trata de tener paciencia durante unos años y de interferir lo mínimo posible en el proceso de revegetación. En pocos años observaremos una transición de especies ligadas a la agricultura a otras que lo están menos. Si el entorno está muy intensificado deberemos incentivar la diversidad sembrando especies variadas para que puedan establecer un conjunto de flora beneficiosa para el entorno. ¡Creemos que vale la pena!