El consumidor, gracias a las nuevas tecnologías, tiene a su alcance información y precios de cualquier vino o bodega del mundo.

Alberto Fernández Bombín, periodista y propietario del restaurante Asturianos, fue el encargado de moderar la tercera mesa de la I Jornada Internacional La Comercialización del Vino en un mundo global. España como país receptor. La mesa tuvo el título ‘Las nuevas tecnologías ante el reto de la distribución global’. Junto al moderador estuvieron Antonio de Jove, director comercial de Vinopremier; Manuel Hevia, director general de Vinoselección, y Gregory Rousse, country manager Spain de Vivino. Las nuevas tecnologías ha acercado a los consumidores los vinos de todo el mundo. Los amantes de este sector pueden informarse y formarse de una forma rápida e incluso comprar el vino que tanto desean a través de su teléfono móvil.

La mesa sobre las tecnologías ante la distribución global la inició el moderador Alberto Fernádez Bombín,haciendo una reflexión sobre lo que el mundo del vino ha cambiado. “ Hace unos pocos años si querías probar algún vino extranjero solo tenías dos opciones, o viajar o hacerte socio de Vinoselección, que te traía todos los meses un surtido por un módico precio”. Hoy en día las tecnologías han permitido incrementar la demanda e incrementar la oferta en todo el mundo. También que los consumidores tengan mucha más información de cualquier vino en cualquier parte del mundo y que, en muchos casos, puedan comprar la botella a través de su teléfono móvil”.

Además, las nuevas tecnología también han permitido acortar los tiempos de entrega de mercancías, especialmente si hablamos de envíos pequeños. En general, la tecnología ha cambiado la forma de vender el vino y la forma en que el consumidor puede acercarse a ese sector y profundizar en el mismo.

España tiene el reto de acercar el vino a los consumidores más jóvenes y la tecnología puede ayudar.

Sin embargo, este cambio no lo aprecia como tan importante Manuel Hevia, director general de Vinoselección, si nos centramos en lo que ha ocurrido en España en los últimos años.

Para Hevia lo realmente importante y que si merece ser destacado es que “en los últimos años se ha producido un descenso en el consumo de vino mientras crece el de la cerveza.”

“Al final, las tecnologías han abierto las posibilidades, por ejemplo, hay nuevos canales para llegar a nuevos clientes y eso nos ha hecho crecer “, manifiesta Manuel Hevia. Pero, “el principal problema que tenemos en nuestro país es que el vino, que es un producto rico, un producto lleno de matices, al mismo tiempo es un producto complejo que dificulta el acercamiento de nuevos consumidores. En este sentido, la tecnología a veces puede ayudar a superar esta barrera, y lograr superarla es un desafío para todo el sector”.

“Seguimos siendo un país no muy abierto a los vinos extranjeros, como ocurre en otros países productores “. Hace 25 años, los que estábamos en este sector esperábamos que los grandes grupos con grandes porfolios con vinos internacionales que se movían en el mercado internacional entrarán en nuestro país y, sin embargo, esto no pasó, hoy en día están trabajando minoristas. Cuando un sector es clave para un país los gobiernos lo regulan mucho y puede convertirse en una barrera, comenta Hevia.

En logística ha habido una tendencia a la fusión de compañías, que ha mejorado los precios y las ha hecho más competitivas. Ahora el problema con el que nos encontramos son las trabas burocráticas que impone la UE al considerar al vino un producto especial y tener por ello unos impuestos especiales.

Nosotros consideramos que para conocer el vino hay que conocerlo en el mundo, pero por ahora para una empresa los retornos están muy por debajo de los retornos de los vinos nacionales.

Hablamos de la democratización del vino

Para Antonio de Jove estamos hablando de la democratización del vino. El vino internacional sigue siendo un producto que va dirigido a un público muy especializado y para ampliar su consumo hace falta mucha formación. Primero hay que vender un país, luego una zona, luego una uva, luego un precio y al final se logra un retorno. En este terreno todos los esfuerzos se están llevando a cabo por las empresas privadas. Institucionalmente se debería vender la marca país. “Yo estoy en una empresa que vende vino online y aunque es cierto que hoy se está mejor que hace unos años no se ha crecido todo lo que se podía”, comenta Jove. En este momento si es cierto que se tiene más inquietud en conocer nuevas uvas, nuevos vinos de otros países, tanto por parte de los consumidores como por parte de las bodegas, y esto a la larga traerá la importación de nuevos vinos. Lo importante es que los vinos entren en España, ya sea a través de las grandes superficies o los restaurantes, lo importante es que los consumidores lo prueben, se informen y así se incrementará la venta de vinos internacionales en España. Generalmente, cuánto más te gusta el vino es cuándo empiezas a buscar a informarte sobre otros vinos, tanto fuera como dentro de España. Puedes comenzar por Portugal y Francia y cada vez vas abriéndote a más mercados.

Para Jove está claro que la información va a abrir nuevas ventas, “yo he visto un cambio respecto a las bodegas y que algunas ya se ponen en contacto con los portales online”.

España tiene poca cultura global de vino

Gregory Rousse comenta que le ha sorprendido la poca receptividad y la poca cultura global de vino que hay en España. “Es bastante decepcionante”. Además, para las bodegas extranjeras tampoco es un mercado prioritario y las marcas que logran entrar no se consolidad y cambian. Para Burdeos, España está en el número 40 de su lista de países exportadores, este es un dato que manifiesta lo poco que se consumen en España los vinos de fuera. Es cierto que en el caso del champán España está en el número 10 de países importadores, pero porque el consumidor español va a buscar marca, España es un país muy marquista, pero no da la oportunidad a marcas que comienzan a introducirse. Entre las tres primeras marcas que todo el mundo conoce se llevan el 80% de las ventas de champán, por eso el mismo no sirve como argumento, comenta Gregory Rousse. Incluso, las pocas ventas que se producen se localizaban en zonas donde viven grandes colonias de extranjeros.

En cuanto a las nuevas tecnologías, comenta Rousse, logran dar más confianza e informar al consumidor. Cuándo un consumidor compra un producto lo hace porque se ha informado, conoce sus características y  si su precio es asequible.

En Estados Unidos son los millennials los que mueven el consumo de vino, son clave para el futuro. En España no pasa esto, los millennials no compran vino, no usan las nuevas tecnologías para comprar vino y quizá no tienen dinero ni mucho interés por el vino, comenta Gregory. En Francia, por ejemplo, hay un grupo social que se ha apoderado del consumo de vino, que lleva a gente a cenar a su casa y les ofrecen vino, y vinos cada día más curiosos, que hablan de ellos, que comentan. Esto está empezando en España pero muy lentamente. Quizá, matiza Rousse, sea una cuestión de cultura de vino, porqué no los españoles no se abren en general a otros vinos no tan conocidos.

En cuanto a la logística todos los ponentes coinciden que hoy hay empresas baratas y que en 72 horas estás en cualquier punto de Europa por un coste por peso. Y, por ejemplo, para hacer un testeo de mercado los costes son muy pequeños.