El colesterol ¿es tan malo como parece ? / Jesús Fleta

Fecha: 13-May-2020


Departamento de Fisiatría y Enfermería
 Facultad de Ciencias de la Salud - Universidad de Zaragoza
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)
jfleta@unizar.es

Existen poco temas que despierten tanto interés en el ámbito de la alimentación como el relativo al colesterol. El efecto nocivo de la hipercolesterolemia, por sí sola, o unido a otros factores de riesgo cardiovascular, está claramente demostrado en múltiples estudios epidemiológicos, de poblaciones humanas y estudios experimentales. No obstante, el colesterol, como elemento químico, forma parte del organismo y ejerce múltiples funciones metabólicas, por lo que se deduce la necesidad de mantener niveles adecuados que garanticen una función correcta para cada edad.

El hecho de que existan actualmente ideas equívocas, cuando no obsesivas, acerca del efecto nocivo o patógeno del colesterol, nos ha movido a recordar brevemente sus características, así como sus efectos beneficiosos en el cuerpo humano. El presente trabajo tiene por objeto advertir que el colesterol desempeña un papel fundamental en el organismo y la disminución a ultranza de los niveles del mismo pudiera acarrear consecuencias no bien conocidas en la actualidad.

El colesterol es un constituyente característico de los tejidos animales. No es una grasa ni un ácido graso; es un alcohol secundario tetracíclico, no saturado, del grupo de los esteroles que, a su vez, se incluyen en el grupo de los lípidos. Su biosíntesis se lleva a cabo mediante complicados procesos enzimáticos que se inician a partir del acetil-CoA, verdadero precursor del colesterol. El colesterol puede ser exógeno, que es el absorbido por el tubo digestivo, y endógeno, que es el fabricado por el hígado, fundamentalmente. Figura 1.

Figura 1. Fórmula del colesterol

Existen múltiples factores que modifican la concentración de colesterol en el plasma. En primer lugar se encuentra el colesterol ingerido; si es muy alto, el hígado lo compensa fabricando menos colesterol; una dieta rica en grasas saturadas, ya que se almacena más grasa en el hígado; una dieta a base de ácidos grasos no saturados, que es capaz de descender la concentración de colesterol sanguíneo, base de gran parte de la estrategia dietética actual. No hay que olvidar que la falta de hormona tiroidea eleva el colesterol y el hipertiroidismo lo disminuye. Finalmente las hormonas sexuales femeninas, o estrógenos, reducen el colesterol y las hormonas sexuales masculinas, o andrógenos, lo aumentan, aunque no se conoce bien el mecanismo íntimo de estos fenómenos.

Los efectos fisiológicos y beneficiosos del colesterol en el cuerpo humano son múltiples. Los comentaremos muy brevemente. El colesterol se emplea para formar ácido cólico en el hígado y esto da origen a las sales biliares que facilitan la absorción de grasas; en su ausencia no se absorben las vitaminas liposolubles A, D, E y K. El colesterol forma parte de la capa córnea de la piel, lo que sirve para protegernos contra determinadas sustancias químicas y evitar la excesiva evaporación de agua por la piel.

Parte del colesterol es utilizado por las glándulas suprarrenales para formar hormonas esteroideas, como son los progestágenos, corticosteroides y hormonas sexuales. Todas ellas ejercen múltiples efectos en el cuerpo humano: mantenimiento del embarazo, acción sobre el metabolismo de las proteínas y de los hidratos de carbono, regulación del equilibrio del sodio y del potasio y del filtrado glomerular; finalmente las hormonas sexuales actúan sobre el desarrollo de los órganos sexuales y la aparición de los caracteres sexuales secundarios. El colesterol también es un precursor de la vitamina D y ejerce una función estructural como componente de las membranas celulares. Figura 2.

Figura 2. Representación de la membrana celular. Tomado de A. Oviedo. Consultado el 10 de marzo de 2020. Disponible en: https://sites.google.com/site/arianny2016biologia/bienvenidos/membrana-celular-y-potencial-celular

Por ello es interesante hacer una serie de consideraciones acerca de la necesidad de mantener ciertos niveles de colesterol en suero. Se acepta que los niveles normales de colesterol deben estar por debajo de 200 mg/dl. En niños, la mayor parte de los autores establece una media de normalidad de alrededor de 175 mg/dl, con una desviación estándar aproximada de 25 mg/dl. Por ello se estima que por encima de estas cifras puede existir riesgo de enfermedad cardiovascular que se potenciará si coexiste con otros factores bien conocidos.

Por este mismo razonamiento, se debe aceptar que unas tasas por debajo de los niveles normales, no deben estar exentas de posibles efectos nocivos. Pensar que reducir mucho los niveles de colesterol en sangre puede ser tan perjudicial como poseer tasas elevadas, es una hipótesis no del todo descabellada. Algunos autores han observado que en personas de avanzada edad las tasas altas de colesterol se acompañan de mayor esperanza de vida, aunque no existe una explicación satisfactoria para este fenómeno. Se puede poner en duda, por lo tanto, si los medicamentos hipocolesterolemiantes o un régimen rico en ácidos grasos poliinsaturados serían deseables en ancianos.

Otras observaciones han permitido relacionar los niveles bajos de colesterol con un aumento de la incidencia de suicidios y conductas agresivas, ya que la reducción de colesterol en suero hace disminuir el contenido del mismo en la membrana celular, lugar en donde radican los receptores de serotonina. La disminución de estos receptores en sujetos con niveles bajos de colesterol ha dado pie para el desarrollo de esta hipótesis tan sugestiva. Estos hallazgos están pendientes de confirmación.

Como conclusión surgen las siguientes preguntas ¿es conveniente recomendar a la población en general, que siga dietas bajas en colesterol?, ¿menos colesterol implica siempre mejor salud? No está claro. Según algunos expertos una campaña generalizada e indiscriminada contra el colesterol no sería recomendable, ya que afectaría a personas con niveles normales; la medida afectaría también a las mujeres, que debido a su constitución hormonal están más protegidas frente al infarto, así como a los ancianos, que necesitan más colesterol para mantener en vigor las membranas celulares.