Destronando un mito: el consumidor y el conocimiento del origen de los alimentos

Constantemente se nos “bombardea” con la afirmación de que el consumidor quiere conocer cada vez más el origen de los alimentos que consume. Pues bien, el pasado día 27 de marzo el director general de la Industria Alimentaria, don José Miguel Herrero, presentó en la Jornada “Buceando en las tendencias alimentarias de los españoles”, los resultados de un estudio sobre el comportamiento sociológico de los españoles y su vinculación con los hábitos de compra alimentarios y el estilo de vida.

Fuente: Foro ganadero

Este estudio de ámbito nacional, realizado a finales de 2018 con un universo de más de 8.500 residentes en España, responde a la necesidad de conocer al nuevo consumidor, más exigente y más informado, para la elaboración de estrategias.

De acuerdo con el mismo, sólo el 21,2 por 100 de la población considera imprescindible conocer el origen de los productos que consume, una tendencia que ha disminuido en 1,8 puntos en relación al año 2017.

A este respecto las personas favorables al etiquetado llevan hábitos de vida saludables (hacen deporte y caminan en mayor medida) y están preocupadas por su salud (se hacen una revisión médica todos los años).

El interés por la cocina y la alimentación, aumentan. Las fuentes de información son muchas y diversas. En 2018, el principal medio para informarse sobre la alimentación y nutrición son los blogs y foros (50,4 por 100), seguidos de las redes sociales (47,1 por 100). A cierta distancia se sitúa los nutricionistas (42 por 100) y los médicos (38,8 por 100).

Los consumidores, especialmente quienes quieren seguir una dieta equilibrada, se fijan también mucho en ciertos ingredientes que contienen los alimentos que adquieren. Las personas suelen fijarse preferentemente en los azúcares, tipo de aceite o grasa, las grasas saturadas o los aditivos.

El valor del tiempo se refleja en los hábitos de cocina de la población. Así lo constata la expansión de la compra por internet en grandes almacenes, supermercados o hipermercados.

Según las conclusiones del mencionado estudio, ciertos estilos de vida favorecen no tener hábitos alimentarios ordenados en el hogar o comprar más de lo necesario, propiciando así el desperdicio alimentario. Los consumidores que más desechan alimentos son el grupo de jóvenes menores de 24 años, con una diferencia de casi 15 puntos porcentuales respectos del grupo que menos desperdicia alimentos, el grupo comprendido entre 60 y 65 años.