Acuicultura: pasado y presente / José Luis Muzquiz

Fecha: 21-Oct-2019

José Luis Muzquiz
Departamento de Patologia Animal
 Facultad de Veterinaria - Universidad de Zaragoza
Instituto Agroalimentario de Aragón (IA2)
muzquiz@unizar.es

Fue en China, 3500 años a.c., donde se inició un sistema de engorde de distintas especies de carpas en un mismo estanque, para aprovechar al máximo todos los recursos nutricionales. Fue también en China en el 475 a.c. cuando, De Fan Li, escribió el primer tratado de piscicultura sobre la carpa común (Cyprinus carpio), describió con entusiasmo este método de cría de peces, alegando que la piscicultura era “una de las cinco formas por medio de las cuales, el hombre, a partir tan solo de su ingenio y de su trabajo podía enriquecerse en pocos años”. Sólo se necesitaba partir de un estanque donde se introducirían 20 carpas hembras adultas y cuatro machos. Griegos y Romanos también practicaron la piscicultura en Europa. En la Edad Media, muchas Abadías y Monasterios de toda Europa poseían algún tipo de cercado en los remansos de ríos para abastecerse de peces.

Fue en 1842 cuando dos pescadores franceses lograron fecundar artificialmente huevos de trucha, llegando a poseer en un estanque varios miles de jaramugos, la Academia de Ciencias de París prestó atención a este hecho y perfeccionó los procedimientos, lo que hizo entrar la piscicultura en la vía científica dónde hoy nos encontramos.

Por lo dicho, podemos definir la Acuicultura como la actividad humana dedicada a la cría en condiciones más o menos controladas de especies en medio acuático. La acuicultura, en consecuencia, es una interacción entre el hombre y el agua, y cuya consecuencia final es la producción de especies vegetales y animales de interés para el hombre.

La acuicultura se asemeja mucho más a la agricultura y a la ganadería que a la pesca, pues implica la cría y el manejo de los recursos acuáticos vivientes en un medio ambiente restringido a diferencia de la pesca y de la caza, que son actividades que conllevan la colecta de peces y animales terrestres a partir de recursos de acceso común o libre, la acuicultura implica la existencia de derechos de tenencia y de propiedad de dichos recursos, la posesión de los medios de producción y los derechos de propiedad sobre la producción, que son tan importantes para el éxito de la actividad acuícola, como la tenencia de la tierra lo es para la agricultura.

En los años ochenta, España contaba con un enorme mercado de pescado que, como consecuencia del agotamiento del poder de multiplicación de los peces en los mares, causado por la sobrepesca, hizo pensar que se presentarían problemas de desabastecimiento en un futuro inmediato, problema aplicable alrededor de globo. La necesidad de solventar esta situación era evidente, por lo que se dirigió la atención en dirección a la acuicultura como solución, ya que esta ciencia nos podría ayudar a paliar el efecto social y económico de la reducción prevista del abastecimiento pesquera.

En el año 1995, el total de pescado, crustáceos y moluscos procedentes de la pesca de captura alcanzó su techo máximo con 120 millones de toneladas, cifra que no ha sido rebasada y que pone límites máximos a la extracción. Además, en el mismo año, las cifras provisionales sobre la acuicultura marina y continental reflejaron un ascenso desde 18,6 millones hasta 21,0 millones de toneladas producidas a nivel mundial.

La acuicultura no puede considerarse un hecho aislado dentro de las producciones animales, ya que, es en las especies acuáticas donde más palpable se hace esa interacción entre el individuo, el medio ambiente, el agente patógeno y el manejo del cultivo. En mi opinión, en la acuicultura, el estado de salud de los peces es más visible y pone en manifiesto la necesidad de un equilibrio entre estos factores. Necesidad evidenciada en la catástrofe ecología del Mar Menor donde la confluencia de tormentas y efluentes contaminados produjeron una gran catástrofe ecológica. La alteración de alguno de estos elementos produce un desequilibrio y, por tanto, llevará a una ruptura del estado de salud, desencadenando finalmente en merma o desaparición de las poblaciones acuícolas. Es en este contexto medioambiental donde posiblemente la acuicultura se ha mostrado como pionera en el estudio de la enfermedad colectiva que hasta entonces se intuía.

Los peces viven toda su vida en contacto con el agua hecho que les provee ciertos beneficios como, el ahorro de energía al no tener que soportar su propio peso; sin embargo, esto también tienen desventajas. El agua, como disolvente universal, hace mucho fácil la contaminación, en comparación con superficies equivalentes de tierra y, por tanto los peces pueden verse afectados por  agentes procedentes de fuera y dentro de sus hábitats normales. La comida que consumen está suspendida en el agua, pero también sus productos de desecho; todas sus actividades como la alimentación y enturbiamiento del agua al mover los fangos del fondo, producen sustancias que permanecen suspendidas en la columna de agua. Todas estas materias están en intimo contacto con las superficies corporales del pez, y serán “respiradas” e “ingeridas”.

La calidad del agua en la que los peces habitan es muy importante para su subsistencia. Sin embargo, las diversas especies pueden tolerar distintos niveles de contaminación. Por ejemplo, el pez gato puede vivir bajo condiciones de contaminación donde los salmónidos no tendrían ninguna posibilidad de sobrevivir. Cada especie tiene un perfil idóneo de parámetros de calidad del agua, de manera que cuando los niveles están fuera del rango tolerable sufrirán estrés, y probablemente sean incapaces de sobrevivir. A pesar de esto, los peces pueden adaptarse para sobrevivir fuera de esos límites, siempre y cuando se aproximen escalonadamente dichos límites. De hecho, cualquier cambio en los parámetros medioambientales debe realizarse muy lentamente para evitar el estrés.

Para lograr un ambiente de cultivo idóneo, el agua que entra en un sistema de acuicultura debería estar dentro de los límites requeridos por especie. De igual forma, cualquier material que se introduzca, de origen externo o por excreción, deber ser eliminado para que no llegue a constituir un problema. La eliminación puede ser realizada por filtros o por sustitución del agua.

Como ya podemos deducir la sanidad acuícola es un factor limitante de la producción de peces. En primer lugar, por las pérdidas que ocasiona en las piscifactorías. Y en segundo, por las consecuencias que determinadas enfermedades pueden ocasionar al equilibrio de las poblaciones naturales. Es en el conocimiento de los factores de riesgo, del diagnóstico, así como del tratamiento y profilaxis donde a día de hoy están focalizado la práctica totalidad de los esfuerzos